TEMA 2. MCER: objetivos, métodos y prioridades de la política lingüística europea


¡Hola, colegas!

Os doy la bienvenida a esta entrada correspondiente al TEMA 2: Marco Común Europeo de Referencia. Objetivos, métodos y prioridades de la política lingüística europea. En concreto, resulta interesante partir de la idea de que el Marco Común de Referencia para las lenguas (en adelante, MCER), pese a nacer en 2001, en muy poco tiempo se ha convertido en un documento de referencia para todo aquello relativo a la enseñanza de lenguas: instituciones, administraciones, docentes e incluso discentes, quienes solían ser ajenos a las correspondencias entre la competencia propia y unos niveles de competencia estandarizados. En esta entrada me voy a detener en dos aspectos que considero que es fundamental tener en cuenta cuando nuestro objeto de trabajo es la lengua y/o se es (o se va a ser) docente: la relación entre lenguaje y política, y la naturaleza cambiante de las lenguas.

https://www.casadellibro.com/libro-el-libro-del-espanol-correcto-claves-para-hablar-y-escribir-bien-en-espanol/9788467009668/2029149En general, en mi experiencia como investigadora y como docente parto de la sociolingüística crítica, en la cual las lenguas son consideradas procesos sociales, es decir, no pueden ser analizadas sin tener en cuenta el contexto social en el que tienen lugar (véase la siguiente entrevista en vídeo[1] a José del Valle). A colación de esto, considero que el conocimiento sociolingüístico es fundamental en el aula de lenguas ambientales y extranjeras. Se han ido trasladando conocimientos gramaticales generación tras generación, pero en el aula no se reflexiona sobre cómo las reglas lingüísticas (y no me refiero únicamente a las gramaticales) se construyen socialmente. Por ejemplo, todavía se sostiene el mito de que existen acentos “normales” o variedades “buenas”, que la lengua se utiliza o no de forma “correcta”; durante la carrera, una docente llegó a afirmar que si no fuera por Johann Wolfgang von Goethe el alemán no existiría hoy en día. En esta línea, evidenciando la relación entre lengua y sociedad, habría que ser crítico ante la nueva “imposición” del lenguaje inclusivo, en el que los y las hablantes van un paso por delante del cambio social como si esta transformación lingüística pudiese ayudar a la eliminación de la desigualdad de género en España, aunque sí la visibilice. Volviendo al punto principal, la sociolingüística crítica trata de dar respuesta a las desigualdades sociales (por etnia, género, clase, etc.), y, en esta línea, con afirmaciones como las anteriores, no se hace más que reflejar discriminación, distinción o prejuicios lingüísticos (véase Bourdieu, 1991, Language and Symbolic Power). Esas ideologías lingüísticas tienen significado porque reflejan sistemas de valores sobre culturas, economía, política, etc.

https://books.google.es/books?id=K2jTpJBQm0gC&pg=PT13&lpg=PT13&dq=makoni+pennycook&source=bl&ots=PkkWWRpMFv&sig=K3im1NJc8FQ_GB-lfjxZLZJAPIg&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwiQ5MWUlZHfAhWpTRUIHWIXBa8Q6AEwBnoECAgQAQ#v=onepage&q=makoni%20pennycook&f=falseUna de las lecciones que jamás olvidaré de mis años cursando Filología (además de la de Goethe) es que las lenguas no existen. Las lenguas tienen una naturaleza cambiante y, en consecuencia, no se pueden cercar con fronteras, diccionarios, gramáticas o niveles (véase Makoni y Pennycook, 2006). Además, se podría decir que esta capacidad se ha visto amplificada por las nuevas tendencias demográficas, económicas y tecnológicas, ya que los y las hablantes se mueven en un panorama social y lingüístico global (véasen Blommaert, 2010; Levitt y Jaworsky, 2007). Sin embargo, tal y como seguimos identificando las lenguas (p. ej. inglés, igbo, árabe, etc.), se corresponderían a construcciones ideológicas ligadas a la conceptualización de los estados-nación en el siglo XIX, es decir, a una mirada occidental y también etnocéntrica de las mismas. Por otra parte, esta concepción encapsulada de las lenguas aumenta la violencia simbólica del proceso de enseñanza-aprendizaje y/o adquisición de competencias. Somos muchas las personas que sufrimos las consecuencias de la auto-vigilancia lingüística: el miedo a “hablar mal” o “cometer errores” al no ajustarse a la normativa, por no hablar del sueño de ser competente de X lengua que parece que nunca llega. Si es complicado delimitar una única lengua, ¿cómo es posible la existencia de una base común que se pueda ajustar a tantas otras? En consonancia con lo comentado en el párrafo anterior, el ideario alrededor del purismo lingüístico es solo una vía de perpetuación de la diferencia y la desigualdad.

Si conjugamos el momento económico actual y los idearios sobre las lenguas tenemos como resultado el mercantilismo lingüístico. Existe un mercado lingüístico internacional en el que el MCER, y su aplicación a través de instituciones como el Instituto Cervantes o Cambridge, u otro tipo de entidades como editoriales multinacionales, cobran sentido. Pero, si lo pensamos, ¿no podría tener esto cierto resquicio de práctica colonial? En concreto, tras esta enseñanza de lenguas se proyecta un modelo concreto de lengua y de hablantes. Volviendo a lo económico, a través del MCER se regulan titulaciones que permiten el acceso a la nacionalidad en determinados países como España o mismo la movilidad en Europa. ¿No es esta demasiada responsabilidad para las lenguas, algo que, en realidad, es tan abstracto? ¿Cuál es el porcentaje de personas que han pasado por la educación formal bajo estos parámetros y se ha sentido satisfechas con su aprendizaje una vez expuestas a una situación comunicativa real? Me planteo si la prioridad de la política lingüística europea es, únicamente, que la "diversidad deje de ser un obstáculo para la comunicación y se convierta en una fuente de enriquecimiento y comprensión mutuos" (MCER, p. 2), o si cuando dicen "fuente de enriquecimiento y comprensión mutuos" en realidad se están refiriendo a otra cosa.

En los tiempos que corren, con la mundialización económica, considero que es importante adoptar estrategias de enseñanza de lenguas extranjeras ligadas al plurilingüismo, el polilenguaje o la comunicación translingüe (véase el capítulo 8). Siempre tratando de sacar partido a los conocimientos metalingüísticos sobre la lengua de origen para facilitar el proceso de adaptación lingüística y buscando el objetivo de la intercomunicación. En definitiva, no es incompatible defender estas ideas y dedicarse a la docencia de lenguas, es más, ojalá me hubiera encontrado con profesorado que me trasladase su conocimiento sobre las lenguas como algo que no es ajeno a una sociedad que las habla. Debemos de entender el MCER y cualquier intento de codificación lingüística como un “marco de referencia” al que se le puede sacar mucho más partido. Estando especialmente sensibilizada sobre el mantenimiento lingüístico de comunidades inmigrantes, para finalizar, creo que es pertinente mencionar que Skutnabb-Kangas (2000) señala dos agentes fundamentales en el genocidio lingüístico y cultural, los cuales forman parte de la denominada “industria del conocimiento”: los sistemas educativos formales y los medios de comunicación. 

Demasiadas ideas en poco espacio... Quedo a la espera de vuestros comentarios. ¡Nos leemos!


[1] Recomiendo el visionado de, al menos, los primeros siete minutos. En ellos se explica qué es la sociolingüística crítica.

Comentarios

  1. En primer lugar, agradecerte, Laura, que hayas decidido escribir una entrada sobre esta temática. Me parece muy interesante y además, aunque son muchas ideas para tan poco espacio (como tú bien dices), creo que haces un buen trabajo dejándolas encima de la mesa para que las lectoras y los lectores reflexionemos sobre ellas. En segundo lugar, también agradezco el comentario de Rut aportando su punto de vista, me habéis enganchado en la lectura durante un ratito. Guardo tanto vuestras ideas como los links que aportáis. Gracias, Carla.

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    1. Muchas gracias por el comentario, Carla. La verdad es que, como bien dices, Laura ha lanzado un tema tan polémico como interesante. Aprovecho para comentarte que he editado mi comentario para corregir algunos mistakes/slips lingüísticos, por eso aparece ahora debajo del tuyo.

      Un saludo y feliz 2019 a las dos.

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    2. Muchas gracias a ti, Carla, por dejar este comentario. La verdad es que estaba un poquito asustada al aportar esta visión que puede parecer contradictoria a los fines de la enseñanza de lenguas, espero que a lo largo de las entradas se entienda que existe un equilibrio. Yo, en concreto, después de la respuesta de Rut, veo que hay muchos puntos en común de los que tirar y así poder proporcionar una práctica docente más completa en cualquier campo. ¡Gracias a las dos!

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  2. Hola, Laura:

    Primero de todo: me ha encantado tu artículo. Me ha parecido muy completo y aporta mucha food for thought con las referencias que facilitas… y mezclo el inglés de manera deliberada, dado que estamos criticando el mismo concepto de lengua. Yo también creo que mucha veces pecamos de dejar el enfoque crítico (en un sentido político) de lado en este tipo de estudios, y es una gran pérdida. Como bien dices, ‘en el aula no se reflexiona sobre cómo las reglas lingüísticas (y no me refiero únicamente a las gramaticales) se construyen socialmente’. Yo lo he vivido en mi formación como traductora e intérprete: no hay mención a diferencias de poder o necesidad de posicionarse a favor de una de las partes, sino que el discurso se articula en torno a la neutralidad y la invisibilidad, a pesar de que hay mucho escrito sobre el tema de la ideología en este campo, como descubriría más adelante; en mi caso, vinculándolo a la cuestión de género. 

    Es por eso que, aunque no estaba familiarizada con el concepto de ‘sociolingüística crítica’ como tal (muy esclarecedor, el vídeo), sí lo estoy con el de la lingüística feminista (sociolingüística, lingüística conversacional, análisis del discurso...), que creo que comparten mucho en común con el approach que mencionas, y no digo teoría, porque el mismo José del Valle rehúye el término por parecerle prematuro. Tal vez la diferencia principal entre unas y otra sea el foco casi en exclusiva que ponen las estudiosas feministas en la valencia género. En cualquier caso, lo que estos campos estudian es lo que tú comentas, si bien con otras palabras: es necesario politizar el uso de las lenguas y cómo la conceptualización/estudio de estas no se puede desligar de las diferencias de poder existentes entre (dentro de) los colectivos que las hablan. 

    Y hay que hacerlo partiendo de la base de que la idea de ‘lengua’ en sentido unitario o ‘colectivo’ en sentido homogéneo es un tanto ilusoria —y etnocéntrica—, como ponen de manifiesto críticas como las que mencionas tú o las que se han hecho desde el ámbito de los estudios post-coloniales. En este sentido, no hay más que pensar en el académico post-colonial Homi Bhabba y algunos conceptos que maneja, como el de ‘mimicry’ o el de hibridación. El primero hace referencia a la imitación por parte de las personas de las colonias de los usos de la nación colonizadora, incluyendo las prácticas lingüísticas, y como esta imitación por parte del ‘Otro’ acaba desestabilizando la identidad del colonizador, y el segundo, a la hibridación entre culturas y lenguas. Ambas problematizan esa idea de que estas son esos compartimentos estancos ya que, como bien puntualizas, son más bien ‘construcciones ideológicas ligadas a la conceptualización de los estados-nación en el siglo XIX, es decir, a una mirada occidental y también etnocéntrica de las mismas’. No podría estar más de acuerdo. Si quieres una ejemplificación de mezcla lingüística en acción de dos idiomas que me consta que dominas, te recomiendo el libro (si es que no lo conoces ya) de 'Spanglish. The Making of a New American Language', de Illan Stavans. ¡Comienza con una entretenida traducción a esta lengua del primer capítulo del Quijote! Porque sí, el autor se rebela y le reclama el estatus de lengua para el Spanglish.

    [Continúa en mi respuesta a este comentario]

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    1. Sí, es ilusorio pensar que las lenguas son ‘homogéneas’ y unitarias. Hay variedades que quedan silenciadas, como la mayor parte de los ‘dialectos’ (¿lenguas?) de Italia en la construcción del italiano tal y como lo conocemos hoy. Como apuntas, hay variedades que se consideran buenas o normales y, por lo tanto, más correctas que otras, y normalmente hay una cuestión de poder político o económico de por medio. Siguiendo con la comparación anterior, ‘casualmente’ fue el florentino, un dialecto del norte, zona más rica en Italia, el que se impuso como italiano a todos los efectos. Pero en un tono más personal, todavía recuerdo una conversación con una amiga estadounidense que me confesaba (avergonzada) que no se había parado a pensar que su compañera de piso nigeriana hablaba inglés. Para ella, simplemente, eso no era inglés, probablemente porque la preeminencia de su dialecto como el 'correcto' hizo que no concibiese los de países ex(?)-colonizados –con diferencias muy notable en la pronunciación y el léxico, entre otras– como tal. Llevándolo al contexto de la enseñanza de lenguas, concuerdo con la observación de José del Valle de que, al igual que se enseñan conocimientos de lengua en sí, es necesario impartir un conocimiento metalingüístico crítico, el mismo conocimiento que a mi amiga (y a nosotras mismas) no le (nos) dieron en el proceso formativo. Las lenguas (con sus límites desdibujados) no son ‘cogumelos’, no aparecen así porque sí, sino que tienen una historia y un contexto que es necesario conocer de manera crítica. Y recordemos que el MCERL no añade esa palabra clave (‘crítica’) a las competencias sociocultural y/o sociolingüística. 

      Podría seguir, porque sí que es verdad que has lanzado muchas ideas al ciberespacio en muy poco espacio, pero tal vez convenga hablarlo con un café delante para no perdernos los elementos no verbales, paralingüísticos …. por el camino. Podemos hablar de ‘ideología’, ese término tan ‘pegajoso’ y necesario a un tiempo (otra vez subscribo con José del Valle); del carácter mercantilista de los certificados de lenguas (que he vivido en sus dos vertientes: he tenido que sacarme tres veces el TOEFL a lo largo de los años porque ‘caduca’, de modo que tienes que volver a pagar sus ‘modestas’ tasas, y me he ganado el pan preparando a estudiantes de inglés para obtener certificaciones Cambridge), evaluar si el MCERL es o no lo suficientemente 'crítico', o simplemente disfrutar del placer de la ‘intercomunicación’ entre nuestros diversas mochilas formativas. 

      De nuevo, muchas gracias por tu aportación… ¡y pasa muy buenas fiestas!

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    2. Muchas gracias, Rut, por tu lectura y por detenerte en elaborar este comentario tan argumentado y valioso. Tienes que perdonar la tardanza en mi respuesta, pero quería dedicarle el tiempo que se merece.

      En general, tengo que mencionar que he encontrado muchos puntos en común entre tu ámbito y aquel al que yo estoy más acostumbrada. Al fin y al cabo, como comentas, se trata de hacer visibles las diferencias de poder. Lo cierto es que cuando trabajé en el proyecto "Muller inmigrante, lingua e sociedade. Novas perspectivas para a integración" podía haber profundizado más en los estudios de género, pero las condiciones del momento resultaron en mi mayor dedicación a la parte sociolingüística y la de mi compañera a la sociológica y de género (Iria Vázquez Silva, quizás te suene), aunque siempre trabajamos en equipo y aprendí mucho sobre este tema. Quizás donde estoy más perdida es en estudios post-coloniales pero, repito, los puntos en común son numerosos.

      Todo esto para comentar que no conocía a los dos autores que mencionas arriba, pero aun así puedo situarlos y entender su punto de vista sobre las lenguas y culturas en contacto. Cuando hablas sobre el 'Otro', me viene a la cabeza Stuart Hall, quien sostiene que la propia identidad nace de la diferencia (y cierta dosis de negatividad) respecto al Otro. De lo que no tiene duda el autor es de que la identidad es un proceso inacabado, por lo que imagino que entendería esa desestabilización provocada por el 'mimicry' como una particularidad
      inherente a la misma. Buscaré las diferencias entre 'mimicry' e 'hibridación', ya que no sé si se entienden como procesos diferenciados, o el segundo está inserto en el primero, que es lo que considero más realista ahora mismo.

      En cuanto a la estandarización de las lenguas... no somos conscientes de la cantidad de problemáticas que transcienden de ella, aunque, en muchas ocasiones, solo es la parte visible de todo un proceso de racialización por el que se minoriza a personas hablantes de lenguas o variedades desprestigiadas. Por ejemplo, cuando se hacen comentarios despectivos sobre un acento, lo cierto es que, en muchas ocasiones, aunque se modificaran esos rasgos lingüísticos y se ajustaran a lo normalizado, no se eliminaría la discriminación. Esto lo he visto claro a través de las entrevistas para el proyecto y mi tesis. En general, las personas inmigrantes desean "hablar bien" español (aunque todas hayan respondido a la entrevista sin problemas), porque creen que es la principal vía de integración, cuando, en realidad, los obstáculos son otros...

      Todo esto me ha llevado a "defender" la importancia de promover conocimiento sociolingüístico y/o metalingüístico en el aula y en nuestro día a día, al igual que ocurre con cualquier lucha por la igualdad, como puede ser desde la perspectiva de género.

      ¡En fin! Como habrás notado, gano en argumentación cuando es por escrito jeje, pero podemos tomar ese café, que seguro que con una interlocutora como tú no hay espacio para el silencio.

      Gracias de nuevo. ¡Nos vemos pronto!

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